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domingo, 22 de diciembre de 2013

Solsticio de invierno: el Nacimiento del Sol


Desde la antigüedad el hombre ha celebrado el solsticio de invierno como un “nacimiento de vida” en la tierra. La identificación de esta fecha en la que el día solar está en la mínima expresión y “renace” el ciclo para dar vida en la tierra a través de su creciente fuerza se catalizó en la antigüedad haciendo que, en numerosas religiones, nacieran en esta fecha dioses e hijos de dioses.

La festividad asociada al renacer de la fuerza del Sol, al nacimiento de Mitra, Khrisna, Osiris, Horis, Dionisos, Jesús o el estado de tristeza absoluta de Ceres genera en la humanidad la esperanza que, de nuevo, el Sol, la vida, el agua, den nueva fuerza a la naturaleza, a la tierra, y broten nuevas cosechas que nos den prosperidad.




Más allá del espíritu navideño que nos impregna a todos en estas fechas de sentimientos de amor y de buenos deseos; más allá de la oportunidad de alimentar nuestros espíritus - y nuestros cuerpos- bajo las celebraciones de la “religión” que cada uno profese; más allá del nombre que lo etiquetemos, ya sea Solsticio, Navidad o Año Nuevo; opino que estas fechas nos ofrecen la ocasión de reconocer el lazo ancestral que une a cada uno de nosotros con la tierra y con toda la humanidad.

Así pues:

Que el Sol brille de nuevo con fuerza 
y dé vida a la tierra con fértiles cosechas!


Expresión que podría traducirse en...

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Entre roles anda el juego

Cuando un grupo de personas se reúne para tratar un tema o, sencillamente, en una reunión de amigos, cada uno adopta  –a menudo inconscientemente- un comportamiento o actitud con respecto del grupo, así como con respecto del tema a tratar. Este comportamiento, rol o papel que toma cada uno puede ayudar a que se avance en el tema tratado llegando a conclusiones y a resultados consensuados ampliamente o, al contrario, que se bloquee el tema tratado en alguna cuestión y no se llegue a resultados satisfactorios para la mayoría.

Suele ocurrir que estos roles se distribuyen entre los miembros de una reunión. Si el encuentro se realiza en un entorno profesional, lo normal es que cada cual asuma su rol esperado por la organización, acorde con su grado jerárquico. Sin embargo, si la reunión es informal, los roles asumidos pueden ir variando, puede haber quien desempeñe diversos papeles simultáneamente o incluso puede haber más de una persona con el mismo tipo de rol.


Pero, para centrarnos un poco más en este tema, vamos a exponer algunos roles que se suelen identificar con facilidad:
  • El creativo es aquel del que surgen iniciativas e ideas para llevar a cabo. A veces proyecta una imagen algo extravagante, pero es imaginativo, de mente abierta y, por ello, puede ser capaz de encontrar soluciones a problemas difíciles. Por ello no es extraño que le llamen “la bombilla”. 
  • El coordinador extrae las ideas clave de todas las aportaciones del grupo y encauza las propuestas. Transmite una imagen de seguridad y de madurez, aunque no hace nada efectivo salvo delegar en otros descargándose hábilmente de todo el trabajo personal. Algunos lo llaman “la batuta”.
  • El conciliador procura acercar posiciones entre los miembros del grupo sacando lo bueno de cada postura. Muestra una actitud apacible, cooperadora y diplomática. Tiende a escuchar y a impedir enfrentamientos. Es un papel básicamente cohesionador y por ello suelen llamarlo “el cemento”.
  • El alentador es aquel que reconoce las aportaciones de los demás y muestra una actitud positiva y entusiasta que anima a seguir tras el objetivo. Algunos le ponen el sobrenombre de “la batería”. Aunque en numerosas ocasiones, pasada la fase del entusiasmo inicial, el que adopta este rol se queda bajo de baterías. 
  • El resolutivo recuerda el trabajo a realizar e impulsa al grupo a conseguir la meta propuesta. Se caracteriza por saber concretar cuáles son las tareas a realizar y, entonces, las inicia rápidamente buscando nuevas oportunidades y desarrollando contactos. En algunos argots es llamado “el teléfono”.
  • El evaluador percibe todas las opciones de las cosas tratadas, las juzga y pone en duda determinadas cuestiones. Transmite imagen de persona seria, perspicaz e incluso de estratega. Como analizador de pros y contras de las cosas tratadas es nombrado habitualmente “la balanza”.
  • El implementador es capaz de transformar las ideas expuestas por otros en acciones concretas. Transmite imagen de metódico y ordenado: toma notas, hace lista de tareas y dibuja esquemas del proceso a seguir. Sin embargo, puede ser lento en responder a nuevas posibilidades por la necesidad previa de evaluarlas metódicamente. Parece que el sobrenombre de “la caja de herramientas” le encaja.
  • El finalizador se encarga de la revisión de las cosas. Reacio a delegar en otros, debe supervisarlo todo concienzudamente en busca errores u omisiones. Sin embargo, su sentido de responsabilidad le hace que cumpla con los plazos establecidos. A este tipo de personas perseguidoras de la perfección se les suele llamar “la cinta métrica”.
  • El especialista es aquel que aporta al grupo conocimientos específicos, aunque lo hace solo cuando se trata de un tema que conoce suficientemente. Los hay que aburren a los demás explayándose con disertaciones técnicas, aunque también hay que procuran aportar las informaciones que necesita el grupo simplificándolas en conceptos y cualidades asequibles. Solemos referirnos como “el bata blanca”.



Hasta aquí, si cada uno de los integrantes del grupo va adoptando uno –o varios- de estos roles favorables, aflorará la sinergia que permitirá alcanzar el objetivo planteado. Sin embargo, pueden aparecer miembros del grupo que adopten roles – a veces de manera parcial- que no favorecen la resolución de los temas tratados. Algunos de estos otros roles adversos que dificultan el avance del grupo pueden ser:

  • El dominador, que desea que su postura sea aceptada por todos. Si lo necesita, hasta es capaz de manipular a los miembros del grupo con distintas “artimañas” para convencerlos. Así, el grupo termina pensando que la decisión la han tomado ellos y no por insistencia de una persona.
  • El sabelotodo es aquel que opina en todo momento y de todos los temas. Pero, además, lo hace con soberbia. A pesar que, habitualmente, los demás miembros del grupo tienden a no aceptarlo y a evitar sus intervenciones, éste no cede en su deseo de ser admirado por sus conocimientos.
  • El charlatán siempre tiene palabras para tratar cualquier tema. Interrumpe a sus compañeros y hace largas exposiciones, por lo general, bastante vacías de contenido. Le gusta ser escuchado, por lo que, de cualquier tema, a él o a algún conocido, siempre le ha pasado algo similar.
  • El obstinado no baja la guardia en sus propuestas y no tolera otras distintas. Se muestra intransigente con otras posturas, es capaz de agredirlas verbalmente para enfatizar su opción. Su postura cerrada obstruye el amplio análisis del tema, no pudiéndolo tratar libremente desde diversos puntos de vista.


Podríamos definir más roles. Aunque algunos de ellos serian una aleación de varios de los expuestos aquí. De hecho, opino que habitualmente usamos varios roles a la vez, mezclándolos en mayor o menor grado en cada momento. 


Porque, en definitiva y tras estos roles que encasillan actitudes, siempre dejaremos entrever el ego de cada uno y, por tanto, los roles irán modulados por el filtro de nuestra personalidad.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

De la bombilla tradicional a la lámpara LED


Hacia finales del siglo XIX se empezaron a comercializar las bombillas de filamento incandescente. Así, durante todo el siglo XX, la bombilla tradicional ha iluminado las noches de millones de hogares de todo el mundo. 

Tras algo más de 120 años de alumbrarnos, la Unión Europea va prohibiendo la comercialización de la típica bombilla incandescente debido a su baja eficiencia: convierte en luz sólo el 5% de la electricidad consumida, el 95% restante… se disipa en calor.

También las bombillas halógenas son poco eficientes. Llegan a obtener sólo del orden de 20 lúmenes por vatio de potencia consumida (lm/w). Aunque estas bombillas halógenas siguen de “moda”, lo cierto es que, poco a poco, los fluorescentes o las bombillas de “bajo consumo” han ido invadiendo nuestras casas en las últimas décadas.


Incandescente 60w   -   Fluorescente bajo consumo 18w   -    LED 8w

Pero los fluorescentes y las bombillas de bajo consumo, a pesar de que consiguen niveles de eficiencia energética del orden de los 80 lm/w y que su vida media (unas 10.000 horas) es superior en unas cinco veces a la de la bombilla incandescente, tienen también asociados algunos inconvenientes: contienen mercurio, por lo que son muy contaminantes si no se reciclan convenientemente, tardan unos segundos en encenderse y, una vez encendidas, necesitan unos minutos de calentamiento hasta estar a pleno rendimiento de emisión de luz.


Lámparas LED

Hace escasos años empezaron a despuntar las lámparas hechas con LED. Como era una tecnología poco experimentada en el campo de la iluminación las bombillas salían inicialmente caras. Actualmente, y en parte ayudado por los aumentos del coste del kw-h de las compañías eléctricas, la tecnología LED está abriendo una nueva era, tomando el relevo a la bombilla tradicional.

Las lámparas de LED ofrecen grandes ventajas económicas y ecológicas:
  • El 95% de la electricidad consumida se convierte en luz y sólo el 5% en calor.
  • Consigue rendimientos del orden de 100 lm/w. Es decir, que respecto las halógenas, pueden obtener la misma luz ahorrando un 80% de energía.
  • No necesitan tiempo de arranque y los LED emiten luz a pleno rendimiento al instante.
  • La vida media es superior a las 50.000 horas de funcionamiento.
  • No contienen mercurio ni otros elementos contaminantes del medio ambiente.
  • No emiten radiación infrarroja ni ultravioleta.


Lámparas dicroicas halógenas (2 x 40w) y sus equivalentes dicroicas LED (2 x 6w)

Sólo hay un inconveniente inicial: frente a los costes habituales de compra de las bombillas incandescentes, las halógenas o las de bajo consumo, las bombillas de LED son un poco más caras. No obstante, el periodo de retorno de la inversión inicial en lámparas LED es, habitualmente, del orden de uno o dos años.


Periodo de retorno

Entendemos aquí por periodo de retorno el tiempo necesario para recuperar el dinero que nos cuesta comprar una lámpara LED. Y es que a base de ahorrar en consumo de energía eléctrica y a base de ahorrar en no tener que comprar bombillas cada “dos por tres”, a la larga, acabamos gastando menos dinero si nos cambiamos al LED.

Veamos, a modo de ejemplo, cómo podemos valorar el periodo de retorno de una lámpara LED frente a una bombilla incandescente.
  • La bombilla tradicional de 60w tiene un coste de 0,75 € y una vida media estimada de 2.000 horas.
  • La lámpara LED (equivalente en lúmens, de unos 600 lm) resulta ser la de 8w, cuesta 16,5 € y tiene una vida media estimada de 50.000 horas.

Comparación entre bombilla incandescente y lámpara de LED

Pretendemos averiguar el “coste por hora” en cada caso, atendiendo a los costes de compra y a los costes de consumo.

La bombilla tradicional tiene un coste por hora de:
  • Inversión: 0,75€ / 2.000horas = 0,00037500 €/h
  • Consumo: 60w X 0,18 €/kw-h = 0,01067220 €/h
Con lo que cada hora que pasa 0,01104720 euros que nos cuesta.


La bombilla LED tiene un coste por hora de:
  • Inversión: 16,50€ / 50.000horas = 0,00033000 €/h
  • Consumo: 8w X 0,18 €/kw-h = 0,00142296 €/h
Con lo que cada hora que pasa 0,00175296 euros que nos cuesta.



Como vemos, cada hora que usamos la lámpara LED ahorramos 0,00929424 eurillos (casi un céntimo de euro!). Y, como la lámpara LED nos costó 16,50€, pues necesitaremos:

Tiempo de retorno de inversión en horas: 16,50€ / 0,00929424€/h = 1.775 h

Supongamos que se trata de una bombilla que encendemos 6 horas al día. Entonces, esas 1.775 horas equivalen a… sólo 10 meses !!!

Así que, con este pequeño análisis, descubrimos que la iluminación con tecnología LED es energéticamente eficiente, ecológicamente respetuosa con el medio ambiente y económicamente rentable para nuestros bolsillos.


Bienvenidos, pues, a la era del LED !!!



domingo, 4 de noviembre de 2012

Tras la seta secreta


Durante todo el año me resulta agradable pasear por el bosque descubriendo sus múltiples secretos y deleitándome con los variados paisajes que nos ofrece la naturaleza. Sin embargo, con la llegada del otoño, el bosque se me torna especialmente atrayente. Y es porque además del abanico de colores de sus ramas, sumergen unos preciados tesoros que parecen como si hubieran estado todo el año escondidos bajo tierra.




Es una ocasión para poner a prueba un instinto aletargado durante todo el resto del año. Una mezcla de experiencia e intuición te dirige hacia donde, tal vez, puedes encontrar este tesoro auto-desenterrado. La especie de árbol de la zona, el tipo de suelo, su vegetación, su humedad, la orientación cardinal del terreno, la incidencia de la luz… son pistas para conocer los lugares más propensos a encontrar según qué setas. No obstante, el lugar concreto donde crecen es típicamente un secreto celosamente guardado.

Es, también, una ocasión que me permite entrar en un contacto más íntimo con la naturaleza. Abandonar el camino habitual para penetrar entre árboles, rodear maleza y pinchos, ojear cuidadosamente bajo arbustos y llegar a rincones insospechados que, si no fuera por la excusa de que tal vez ahí encontraré algo, no accedería jamás. Como si de un radar visual se tratara, rastreas visualmente el suelo en busca de una seta. A veces aparece ahí mismo, ante ti, tras un matorral; otras aparece en forma de una disimulada pista, como un abultamiento en la capa de hojas caídas o un punto de color peculiar que asoma tímidamente en el suelo.






Es un momento sin igual localizar algún ejemplar. Te acoge una mezcla de alegría y respeto. Alegría por conseguir ese objetivo perseguido y respeto por identificar correctamente de que seta se trata, por saber discernir si es comestible o tóxica y, también, porque es un acto en el que recoges un “fruto” que te aporta la “madre tierra”.






Tras la recolección, limpiarlas cuidadosamente. Revisar una a una su estado, clasificarlas y cocinarlas.




Y, finalmente, degustar el sabor peculiar de cada especie compartiéndolas en una buena mesa. Otra ocasión sublime en la que penetra a través de los sentidos algo que trasciende lo corpuscular. Y es que la micología es un mundo fascinante no sólo lleno de ciencia y gastronomía, si no también lleno de misterios.





martes, 11 de septiembre de 2012

Ventana con vistas a la Realidad


De todo el Universo, sea finito o infinito, sólo podemos afirmar –y con reservas- que conocemos una minúscula porción. Un planeta llamado, por nosotros, Tierra.

De todo el Universo, que se presume que tiene hasta 11 dimensiones, sólo somos capaces de percibir en nuestra realidad cotidiana una ventana de tres dimensiones. O cuatro, si consideramos la dimensión del tiempo.



De todos los lugares del mundo: montañas, sierras, lagos, bosques, pueblos, ciudades, monumentos,… sólo podremos llegar a conocer, por mucho que viajemos a lo largo de toda la vida, una pequeña parte de ellos.

De todos los sonidos que vibran por el mundo, sólo podemos oir una pequeñísima porción que va, con suerte, desde los 20 a los 20.000 hertzios. Y de la cantidad de sonidos oídos, solo escuchamos aquellos en los que centramos la atención.

De todos los olores, aromas y sabores que deben haber en nuestro planeta, nuestros sentidos sólo pueden oler o degustar una pequeñísima parte de ellos.

De todo el espectro electromagnético conocido, digamos que desde las ondas largas de radio hasta las frecuencias de los rayos cósmicos, sólo vemos -sin usar instrumentos- una pequeñísima porción a la que le llamamos Luz Visible.

De toda esa luz que llega a nuestra vista, de todas esas imágenes que alcanza nuestra vista, sólo vemos aquello en lo que fijamos nuestra atención.



De todos los libros, artículos e informaciones que hay en el mundo, sólo leeremos a lo largo de nuestra vida una pequeñísima porción. Y de esa porción leída, sólo retenemos en nuestra memoria una pequeñísima parte.

De todas las ciencias que nos sirven para conocer algunos aspectos de la realidad, sólo conoceré una pequeñísima parte de ellas y, por lo tanto, una ínfima parte de esos aspectos de la realidad.

De toda la gente que hay en el mundo, sólo conozco a una parte muy reducida de personas. Y, muchas de estas personas que prejuzgo conocer, sólo sé una pequeña parte de su vida, de cómo son y de lo que piensan. 

De todos los siglos, años y días que ha habido y que habrá en el tiempo de vida de nuestro mundo -sin considerar aquí el concepto de eternidad-, sólo estaré presente durante una pequeñísima parte en esta situación de intermitente consciencia llamada vida.

De todos los días vividos en el pasado, sólo recuerdo una pequeñísima parte de lo que hice en algunos de ellos. Y gran parte de esos recuerdos se desvanecen de la memoria con el paso del tiempo.

De todas las experiencias vividas en el pasado, sólo he aprehendido algo de una pequeña parte de ellas.

De todas las ideas que han circulado por mi mente, sólo han pasado al plano consciente una pequeña parte de ellas. Y de esas ideas, a partir del filtro de la razón, he creído reales sólo una parte de ellas.



Así, consciente de las limitaciones de nuestro ser y de las limitaciones de nuestro conocimiento, me permito relativizar esos “grandes problemas” que nos anuncian los medios de comunicación. Y, dentro del pequeño margen de capacidades de “ver” la Realidad a través de una pequeñísima ventana, voy a procurar disfrutar de esa parte, experimentarla, recordarla y aprehender de ella.

Porque esa minúscula parte de la Realidad que alcanzaré a conocer a lo largo de toda mi vida es TODO para mi. Es toda mi existencia.

domingo, 8 de julio de 2012

Rebaños bajo control


Es de conocimiento común que los gobiernos promueven deportes, juegos, fiestas, banquetes y aficiones con el estratégico fin de distraer a la plebe de los problemas que realmente afectan al conjunto de la sociedad. Se trata, seguramente, de una de las más antiguas técnicas de control de masas: mantener al populacho ocupado en tonterías y, así, que no tenga tiempo de pensar en los principales problemas.


Si embargo, el “pan y circo” no es el único método maquiavélico de someter a la muchedumbre a la merced de los que mandan. Utilizando y ejerciendo el control de instrumentos como la educación, los medios de comunicación o la religión, los que mandan modelan nuestras mentes a su antojo. Nos inculcan los valores, costumbres, conductas sociales y morales sabiamente preestablecidas que nos limitan, nos alinean y nos someten, con lo que hace más difícil la sublevación del pueblo hacia el sistema. Se encargan de transmitirnos los conocimientos y las noticias que les conviene según el momento, para así mantenernos bajo una controlada ignorancia. Les conviene tener al pueblo inculto, sumergido en la chabacanería y la ordinariez, para manipularlo mejor. Además, les conviene generar un estado de bienestar basado en la mediocridad, para que la plebe se encuentre cómoda en su incultura y no tenga demasiadas ansias ni aspiraciones de salir de su vulgaridad. Es un antiguo modo de esclavizar a las masas. El gentío, consciente de sus cortas capacidades, se somete a los que mandan y hasta se cree culpable de los problemas existentes.


Y así, los que nos mandan crean problemas –incluso adrede-, influyen y aplican en la plebe las inconveniencias de esos problemas, dejan que se encuentren soluciones –a menudo ya previstas por ellos desde el inicio-, o presentan esas soluciones mostrándose entonces ellos como “los salvadores del mundo” y, de este modo, se implantan soluciones controladas por los que mandan. Soluciones controladas que suelen significar un retroceso social o económico, pero que, de este modo, son vividas por la plebe como un mal menor. Un mal necesario.

Males necesarios que, a menudo, los que nos mandan los aplican gradualmente, por etapas, por pequeñas dosis, para que vayamos aceptando poco a poco lo que inicialmente nos hubiera parecido del todo inaceptable. Otras veces aplican el “mal necesario” diferido en el tiempo, anunciando que va a entrar en vigor en una fecha futura. Así la muchedumbre se va haciendo a la idea del sacrificio a efectuar y, tal vez, se mantiene ingenuamente la esperanza que este sacrificio futuro sea indultado.

Y si, además, influyendo a través de los instrumentos ya mencionados de la educación, de los medios de comunicación o de la religión, le añadimos el control de la plebe en sus emociones, valores, nacionalismos o ideas, los que mandan pueden llegar a manipular la base de la consciencia de las masas hacia donde mejor les convenga.

Y quiénes son “los que mandan”? Pienso que no necesariamente son los gobiernos. En muchos aspectos son los poderes económicos los que someten a gobiernos, medios de comunicación y a los líderes a acatar sus líneas de pensamiento, sus directrices y sus intereses. Así pues, doy la razón a quienes piensan que los que mandan se mantienen difusos tras los velos de los gobiernos o de las entidades financieras.

Y es este conjunto de ruines métodos estratégicos los que corrompen, bajo mi percepción, lo idílico que podría ser una democracia. En este aspecto, comparto la opinión de Rousseau expresada en El Contrato Social respecto a que si el pueblo, en su conjunto, no tiene una voluntad propia sino que tiene la voluntad inferida por “los que mandan”, la democracia se desnaturaliza en una oclocracia, donde la muchedumbre elige a sus representantes de gobierno con una voluntad viciada por todas estas estratagemas que nos limitan, nos someten y nos esclavizan.
  


Así pues, en la medida de mis posibilidades, procuraré evadir los efectos propagandísticos y manipuladores que nos bombardean diariamente. Procuraré seguir dedicando una parte del tiempo de mi vida a cultivar la mente de una manera abierta, procurando mantener una conciencia clara y racional sobre lo que realmente importa y, a pesar de estar atrapado en esta entramada sociedad, procuraré ser crítico y generarme, así, mi propia voluntad.

domingo, 15 de abril de 2012

Ritmo: el principio hermético


Entre las lejanas Grecia y Egipto, en épocas de su esplendor dinástico y contemporáneo de Abraham, hubo un hombre “tres veces grande” al que se le conoció por Hermes. Hermes Trismegisto.

Maestro fundador de la filosofía hermética, sus enseñanzas se recogieron en “El Kybalion” en forma de máximas o principios fundamentales. Cada uno de los siete principios en que se resume la doctrina hermética parece ser como una semilla-idea que, para quien esté dispuesto a recibir, le florezca en su interior el secreto, el significado oculto, el dominio de las fuerzas mentales, su transmutación ...

Salvando el hermetismo de esta filosofía; a pesar que durante siglos sus axiomas fueron celosamente guardados; los enunciados del Kybalion han llegado a los discípulos capaces de comprender, haciendo cumplir así el principio de causa y efecto, de atracción entre labios de sabiduría y oídos preparados para recibirla.

Pues bien, para quienes puedan ser receptores del mensaje, dejo aquí como muestra el Principio del Ritmo:


“Todo fluye y refluye, todo asciende y desciende; la oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación hacia la izquierda; el Ritmo es la compensación.”




Su profunda comprensión puede arrojar mucha luz sobre problemas difíciles y oscuros. Pero como se trata de una enseñanza hermética, aquí dejo la semilla-idea. Que ésta germine depende de cómo la cuide cada uno.

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sábado, 18 de febrero de 2012

El jardín del Edén

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Hace ya muchos, muchos años que, al salir por primera vez al balcón de casa, me sorprendió la imagen del jardín. Recuerdo esa una sensación placentera de paz, una ilusión de poder tener, a escasa distancia de mí, esa enorme copa de palmera de largas y esbeltas hojas que, tendiendo el brazo, casi podía alcanzar.

El jardín del convento se me presentó como un paraíso. Ese silencio moteado por los trinos de los pájaros, ese toque de campana para indicar la comida a la congregación, ese revoloteo de pajarillos despuntando el día, esos cantos gregorianos que se oían como un murmullo de fondo los domingos al mediodía, ese olor de primavera ante la floración de los árboles, esos colores vivos radiando de la pérgola violácea, esos ramos naturales del rosal laureado... Todo eso proporcionaba, tanto a mi como –supongo- a todos los que tuvimos la gran suerte de poder vivir en el entorno cercano al jardín del convento, de una aproximación a lo divino. Fue como poder tener cercana la fuente del Edén y, cuando salía al balcón, absorbía un poco de su preciada ambrosia.


El convento dedicó casi un siglo a ser colegio. Mis hijos asistieron de párvulos, tuvieron el cariño sincero de las monjas misioneras y jugaron, durante unos años, en el jardín del convento. Aprendieron de él, de sus olorosas flores, de sus verdes plantas, de sus dulces frutos, de su húmeda tierra. Y se impregnaron, como nos impregnamos todos nosotros, de esa aura, de ese espíritu que, desde el cielo, descendía a través de los árboles del jardín hasta llenar nuestros corazones.

Hemos disfrutado de un oasis de paz en el centro de una voraz ciudad. Estas palmeras centenarias, esos árboles, llevan en su savia infinitos recuerdos de todos los que vivimos rodeando el jardín. Y el Jardín del Edén nos ha ayudado a todos a Vivir durante muchos, muchos años.


Pero los años han ido pasando, las cuatro enormes palmeras de canarias han sumado otros veinticinco más desde esa primera vez que las vi. Ahora, ya centenarias y con más de quince metros de altura, se enfrentan silentes y junto al resto de los árboles del frondoso jardín a unas amenazas de muerte que, paradójicamente, proceden del sector eclesiástico. No parece que haya piedad, ni misericordia, ni sensibilidad, ni recuerdo, ni nostalgia por esa historia latente en el jardín del convento. No hay valores religiosos, sino económicos, en el obispado de Barcelona.

Sin embargo le debo, le debemos, a ese jardín, a esas palmeras, a esos árboles, a esos pájaros, que salgamos en su inocente defensa. Nos han ayudado a vivir durante muchos, muchos años, aportándonos aire limpio y paz de espíritu. Ahora nosotros debemos ayudar al Jardín del Edén a sobrevivir a estas amenazas del diablo disfrazado con báculo y mitra.

Ojala nuestro jardín del convento cuente también con la gracia de Dios.


Para saber más y mejor visitad la página de http://salvemeljardi.blogspot.com/ o enviar correo electrónico a salvemeljardi@gmail.com




martes, 17 de enero de 2012

Escuchando se entiende la gente

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De nada sirve emanar los pensamientos si no hay un receptáculo apropiado para recogerlos. Ofrezcamos vino, pues, a quien tenga la copa dispuesta para ser llenada con este espíritu.



Creo que hay una parte importante de cada uno de nosotros que se esfuerza en explicar y transmitir su propia opinión, es decir, que nos afanamos en exponer de manera clara y estructurada nuestra visión parcial de una realidad habitualmente compleja. Sin embargo, no solemos dedicar tanto esfuerzo a escuchar, quiero decir, a oír a los demás con el ánimo de entenderlos, de interiorizar su mensaje y a evolucionar en nuestro yo interior libando ese néctar que nos ofrecen bajo una forma aparente de palabras concatenadas.

Me impactó saber que, en media, sólo escuchamos realmente seis segundos de cada minuto de mensaje que oímos. Me vi reflejado en esas estadísticas y mi objetivo personal está en poder elevar en algo esa media.

Sin embargo, para favorecer una escucha completa se requiere ir adquiriendo habilidad en algunos aspectos como:

- La sintonía. No siempre el que habla está en la misma “onda” del que escucha. Si queremos escuchar y aprender de su mensaje, debemos ajustar nuestros registros mentales hasta “sintonizar”. Y sintonizar puede ser sinónimo de escuchar y hablar con el corazón, de abrir los sentimientos hacia la otra persona, de expresar tu opinión personal que te has formado con tu interpretación de la vida. Suele ocurrir que, en ese momento en que se encuentran las sintonías, ambos corazones se abren, los ojos se miran, el tiempo se calma y la comunicación fluye sin obstáculos, casi sin palabras...

- El entorno. El momento y el lugar deben escogerse con esmero para facilitar la comunicación. Sentarse cómodamente en un lugar elegido para escuchar a la otra persona, sin ruidos y sin distracciones. Darle una muestra física de querer realizar una escucha activa, de estar plenamente dedicado a escucharla si así lo desea, es esencial para que emanen sus pensamientos.

- Los prejuicios. Nuestros esquemas educacionales nos limitan el pensamiento y las opiniones acerca de las cosas y los demás. Siendo conscientes de nuestras limitaciones, tradiciones, creencias y prácticas - y sin tener que abandonarlas por ello - debemos procurar abrir la mente para entender y apreciar otras maneras de ver las mismas cosas, comprendiendo así también el comportamiento de los demás y los motivos que los conducen a sus conclusiones y modos de actuar.

- El fondo. Captar la esencia que se esconde tras las palabras, cual es el fondo del mensaje que ha emanado desde el corazón, escuchar al otro con la intención de recibir el espíritu de sus pensamientos es fundamental para conocerlo como persona y para desarrollarse uno mismo en el viaje interior. Hablar se convierte aquí en un poderoso regalo que se ofrece al que escucha. En muestra de gratitud y si las circunstancias son propicias, se puede establecer un diálogo contrastando ideas, experiencias, opiniones y pensamientos, hecho que puede favorecer que la escucha activa sea correspondida bidireccionalmente, enriqueciéndose mutuamente del aumento de perspectiva que ofrece el diálogo desde el respeto de las opiniones personales de cada uno.
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Y es así como se produce un doble efecto mágico al escuchar de verdad a la otra persona. Por una parte, el dedicar la atención que se merece a quien te explica algo desde su corazón la alienta a compartir contigo lo que forma parte de su vida y a exponerte su visión de lo que es cierto para ella. Por otra parte, tras recibir el preciado mensaje, conviene dejarlo madurar en tu interior, darte un tiempo para la reflexión, en silencio. Un tiempo también que sirve para contrastar todas las ideas recibidas y dejar aflorar, poco a poco, la magia del verdadero conocimiento de uno mismo.




Como decía al inicio, de nada sirve emanar los pensamientos si no hay un receptáculo apropiado para recogerlos. Mantengamos, pues, nuestra copa dispuesta para ser llenada con el espíritu del vino que nos ofrecen.
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lunes, 26 de diciembre de 2011

Sentido común

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Otros, lo redefinen al estilo de Descartes en su Discurso del Método y dicen que el sentido común es el mejor repartido, pues todo el mundo cree poseerlo en suficiente y justa medida.

Pues bien, no siempre el sentido común ayuda al común de los mortales. Veamos un ejemplo.

Se trata contestar una pregunta simple: En una familia con cuatro descendientes, ¿qué probabilidad hay que sean dos niños y dos niñas?



El sentido común suele actuar en una respuesta rápida, sin demasiada premeditación, y decir que es del 50%. Verdad? … Pues no.

Qué ocurre aquí? Bueno, para abordar el tema vamos a simplificar el problemilla diciendo que, cuando nace un descendiente, éste puede ser niño o niña con exactamente la misma probabilidad del 50%. Hasta ahí, bien. Es genéticamente y matemáticamente aceptable. Pero si no se trata de un único retoño, los cálculos de probabilidades se “alejan” de nuestro sentido común.

Supongo que si este problemilla hubiera sido puesto en un examen de tipo test, tendría cuatro respuestas como:

a) 50%            b) 25%             c) 20%            d) 37,5%

Un segundo enfoque en el que hay más intuición que enfoque científico, es el pensar en un efecto “doble – mitad” y, presuponiendo que hay proporcionalidad inversa en este caso, razonar rápidamente que, “si hay dos hijos –niño y niña- la probabilidad seria del 50%, luego si hay el doble de hijos se divide por dos la probabilidad”… y obtener por consiguiente el resultado del 25%

Pero conviene ir un poco más allá, porque un tercer enfoque más razonable seria pensar en el conjunto de los siguientes resultados de la tabla de verdad:

4 niños y 0 niñas
3 niños y 1 niña
2 niños y 2 niñas
1 niño y 3 niñas
0 niños y 4 niñas

Con lo que si, de las cinco opciones, la combinación de “2 niños y 2 niñas” es sólo una de ellas, podríamos afirmar que la probabilidad es de una opción entre 5 y, por lo tanto, resulta ser del 20%.

Sin embargo, vamos a plantearlo aún de otro modo más detallado, desarrollando todas las opciones de poder tener, parto a parto, uno a uno, estos cuatro descendientes. Entonces, la tabla de verdad resulta ser:



Con este análisis, resulta que, de las 16 posibles combinaciones del conjunto de los cuatro felices nacimientos, sólo 6 soluciones cumplen los deseos de que sean 2 niños y 2 niñas. Y 6 entre 16 corresponde al 37,5%.

Curioso? Ambiguo?

Curioso, sí. Queda claro que el sentido común no siempre funciona. Muchas veces, tal vez funciona, pero no hay que fiarse empedernidamente de él. Sorprende que el resultado no sea el 50%.

Ambiguo? Pues también. Porque se generan las dudas de si el resultado correcto es el 20 o el 37,5%. La respuesta, según la matemática combinatoria, está en que si el parto fuera uno solo (es decir, que no nos importa el “orden” de los hijos porque todos nacen “justo en el mismo momento”) entonces esta probabilidad es del 20%. Pero si se consideran cuatro partos entonces la tabla de la verdad engloba los 16 posibles resultados y la probabilidad resulta ser, finalmente, del 37,5%.

Estos juegos o, según como, malas jugadas que las matemáticas ocasionan al sentido común suelen dar ventaja, en determinadas circunstancias, a las personas conocedoras de las leyes de la probabilidad. Son situaciones que todos, con un poco de tiempo dedicado a entender el problema, podemos resolver. Sin embargo, suele ocurrir que no queremos dedicarle tiempo y esfuerzo a entender el problema con toda su amplitud y nos aventuramos a apostar por una opción poco meditada, basada en la confianza que tenemos de nuestro “sentido común”. Sin embargo, si nuestro oponente tiene la capacidad de conocer y analizar en profundidad la “tabla de verdad” del problema, nos puede ganar la partida.

Parece de “sentido común” que tengamos que analizar todas las variables ante un tema a resolver, sin embargo no es común que actuemos siempre en este sentido.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Las visiones de Orión





Hay que buscarla un poco. En las noches de invierno se localiza fácilmente. Está allí, dominando la cúpula celeste. Sin embargo, en verano debes esperar a que la noche esté adentrada, o empiece a amanecer para verla. Y es que unas veces nos visita a los del hemisferio norte que compartimos su custodia con los del hemisferio sur.

Hace unos días que, cada madrugada, busco la constelación de Orión por algunas porciones de cielo que alcanzo a ver mientras voy andando  a la estación del tren. Me parece algo mágico, ancestral, conectar visualmente con unos puntos luminosos que hace miles, incluso millones de años, ya observaba el hombre primitivo. Es como una breve conexión con algo auténtico, genuino, en este entorno tan urbano, tan artificial.


Orión (Salobreña, febrero 2010)

Encuentro algo natural que, el hombre de la antigüedad, en las largas y oscuras noches, se cuestionara todo tipo de preguntas bajo el manto estrellado. Encuentro natural que asociara ingenuamente grupos de estrellas formando conjuntos e imaginándose figuras diversas. Y encuentro natural, pues, que las diversas civilizaciones creasen historias mitológicas que, basadas en esas figuras del firmamento, intentaran aportar algunas respuestas alegóricas a las grandes preguntas de la humanidad.

Lo primero que destaca de Orión es el cinturón. Tres estrellas brillantes, azuladas, alineadas y “relativamente” próximas entre ellas. Se trata, de izquierda a derecha y atendiendo a los nombres que proceden de la astronomía árabe medieval, de Alnitak, Alnilam y Mintaka. Traducidos, dicen que significa respectivamente faja, collar de perlas y cinturón.

También destacan otras estrellas brillantes que nos sugieren relacionarlas con el cinturón. Dos de ellas son soles gigantes llamadas Betelgeuse y Rigel, que junto con otras dos de menor magnitud, Bellatrix y Saiph, dibujan un cuadrilátero imaginario que encierra en su interior el cinturón. Finalmente, otros puntos luminosos que nos van apareciendo en la medida que vamos acostumbrando nuestra vista a la oscuridad, nos acaban de sugerir la silueta de nuestra admirada constelación. Orión.

Sabido es que, por el entorno de Alnitak, existen nebulosas como la de la Llama o la de la Cabeza de Caballo. También se localizan, relativamente cercanas, las nebulosas de Orion o la de De Mairan. Todo un apasionante y enigmático trozo del universo que ha sido profundamente estudiado y del que se han obtenido imágenes espectaculares.




Y, tal vez, por la peculiar silueta de esta constelación, ha sido protagonista importante en la mitología de bastantes civilizaciones.

Existe bastante literatura acerca de Orión en la mitología griega, de este gran cazador se desdoblan versiones sobre su procedencia, su vida y su muerte. Todas ellas, seguramente, con importante carga alegórica. Me llama la atención una versión acerca del porqué está Orión en el cielo: Artemisa se había enamorado de Orión, el apuesto cazador, lo que provocó los celos de Apolo, hermano gemelo de Artemisa. Un día que Apolo vio a lo lejos, en el fondo del bosque a Orión, desafió a su hermana a que acertara a cazar lanzando una flecha a aquel animal que apenas se veía entre los árboles. Artemisa acertó y cuando supo que había matado a su amado fueron tales sus lamentaciones que los dioses decidieron ponerlo para siempre en el cielo para consolarla.


En la civilización egipcia también hay abundantes referencias a esta constelación puesto que la relacionan con Osiris, dios de los muertos. Osiris, hijo de los dioses Geb y Nut, se convirtió en faraón tomando como esposa a su hermana Isis. Pero los celos hicieron que el hermano Set matara a Osiris, lo descuartizara en catorce pedazos y los esparciera. Isis realiza una larga y penosa búsqueda de esos trozos de su amado y consigue encontrarlos todos excepto el falo. Entonces Isis recompuso a Osiris, lo embalsamó, le dio vida eterna, se impregnó de él y engendró a Horus, dios del Sol. Esta historia mitológica de gran trascendencia en la civilización egipcia, infiere a su vez una gran importancia a nuestra constelación. Así, hasta aparecen estudios que afirman alineaciones y estudiadas relaciones entre las pirámides y estas estrellas de la constelación de Orión.


En China, curiosamente, a esta constelación se le conocía como Tsan, que significaba cazador y guerrero. El cinturón lo identificaban con la mansión Shen, eterno adversario del Shang, cuya mansión estaba en Antares, de la constelación de Escorpio. Hecho también que se identifica con una versión de la muerte de Orión que, en lugar de ser la mortal flecha lanzada por su amada Artemisa, es Gea que se enfada con Orión y lo mata provocando la picadura del escorpión.

En la cultura maya y a partir del Mito de la Creación del Popol Vuh, se constata que tres estrellas del cinturón de Orión se corresponden con una tortuga de la que, por su concha agrietada, surgió el Dios del Maíz. Asimismo, también la tradición maya identifica otras tres estrellas de la constelación de Orión que dibujan el triángulo inferior (Alnilam, Riguel i Saiph) con “las tres piedras” que, en su interior, se genera la “creación”. Y es que sitúan el origen del Mito de la Creación en las nebulosas de De Marian y de Orion.

También, a modo de lenguaje secreto, se observa una profunda relación de Orión con la postura del Loco, en el primer arcano mayor del Tarot. Tal vez esta apreciación se reafirma con la presencia del perro a sus pies, que se correspondería con nuestra constelación del Can Mayor.


Finalmente, creo que es de destacar que las tres estrellas del cinturón de Orión se han querido identificar, en algunas teorías, con los Tres Reyes Magos. Curiosa identificación puesto que su dirección apunta hacia donde se encuentra Sirio, una estrella muy brillante de la constelación del Can Mayor que se identifica también con la diosa egipcia Isis. Diosa que se “traslada” conceptualmente a la virgen María y que, prolongada esa dirección en la cúpula celeste por las fechas navideñas coincide con el lugar del horizonte donde nace el Sol.

Tenemos grandes teorías, antiguos mitos y una enorme cantidad de datos científicos acerca de la constelación de Orión y sus cuerpos celestes. Sin embargo, tras miles, incluso millones de años, continuamos sin conocer apenas nada. Así es el Universo: maravillosamente infinito.




domingo, 21 de agosto de 2011

Percepción

Todos hemos oído hablar alguna vez que nuestro ojo sólo es capaz de ver una estrecha banda del espectro de las frecuencias electromagnéticas. Son las que le llamamos comúnmente los colores de la luz visible. Es decir, vemos el mundo que nos rodea limitados por una pequeña ventana entre los ultravioletas y los infrarrojos. Sin duda, pues, al mirar un objeto tenemos una percepción limitada de su “realidad”.


Pero la percepción que se puede tener de una misma realidad varía en función de gran número de factores. No todo el mundo ve lo mismo, ni percibe la misma “realidad”, o vive la misma “situación” de un mismo modo.

Para analizar estos aspectos de la percepción me atrevo a distinguir dos grandes estadios: el de los sistemas sensoriales y el de los sistemas cognitivos.



Sistemas sensoriales

Nuestra mente percibe estímulos y sensaciones del mundo en el que estamos inmersos a través de los sentidos. Tradicionalmente hablamos que la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto se encargan de utilizar los órganos sensores de nuestro cuerpo. Así, los ojos, los oídos, la pituitaria, las palpitas gustativas o la piel, captan los estímulos del mundo exterior y los transmiten por el sistema nervioso al cerebro.

Hasta aquí, el proceso de percepción podría considerarse más bien automático o reflejo. No obstante hay factores físicos que pueden modificar la percepción de la “realidad”. Por ejemplo, factores climáticos, de ruido o de iluminación pueden hacer que los estímulos que reciban nuestros sentidos de una misma “realidad” sean distintos de un momento a otro. Ver un mismo paisaje en un día de lluvia o soleado, con frío o con calor, de día o de noche, nos proporcionará un variado surtido de percepciones de una misma realidad.

También los órganos sensoriales pueden tener grados de eficacia en función de la persona. Se suele perder grado de visión y de oído con el paso de los años, así como puede haber otras alteraciones físicas en algunos de nuestros órganos sensores que nos limiten la percepción del “mundo exterior”.



Sistemas cognitivos

Por una parte, nuestro cerebro actúa selectivamente para concentrar la atención en el estimulo que le llega y que más nos puede interesar según el momento. Focaliza –por ejemplo- en el gusto, vista y olfato si se trata de saborear una comida; o se concentra en el oído y la vista si se pretende conversar con otra persona. Así, a pesar de que el cerebro recibe seguramente todos los estímulos procedentes de los sentidos, muchos de ellos son neutralizados a nuestra conveniencia para darnos una percepción selectiva de lo que nos llega de ahí fuera. Es por este motivo que podemos estar viendo algo pero sin embargo no estar mirándolo, o bien podemos anular mentalmente la atención a un ruido repetitivo como, por ejemplo, el paso de trenes cerca de nuestra vivienda.

Pero el cerebro, por otra parte, procesa a través de unos filtros esa información recibida de los sentidos y nos proporciona nuestra particular percepción de la situación. Este filtro está confeccionado por un complejo sistema de factores cognitivos tales como:

- Las expectativas de lo que nos gustaría percibir a través de ese sentido.;
- Las experiencias vividas en el pasado. 
- Las motivaciones que conducen nuestra existencia.
- Las emociones que sentimos en ese momento.
- Las actitudes que conforman la personalidad propia de cada uno.
- El tipo de cultura, ideología política o religiosa.
- La educación recibida hasta ese momento.
- Las condiciones de contorno existentes en esa “situación del mundo exterior”

Asignamos un nivel de importancia a cada uno de estos filtros para, finalmente, tener nuestra propia percepción de “cómo vivimos” una situación del mundo exterior. Obtenemos así nuestra particular visión, nuestra percepción.

Conocer los mecanismos de percepción que actúan en la mente de uno mismo es un ejercicio interior que te permite reflexionar sobre cada uno de ellos y revisar el peso relativo que pretendes otorgarles en cada caso. También te permite modificar la estructura del filtro cognitivo si así lo estimamos conveniente. Todos, en un mayor o menos grado, realizamos ese proceso interior del “conócete a ti mismo” a lo largo de la vida.


La realidad debería ser única y objetiva, pero, como decíamos al principio, no todo el mundo ve lo mismo, ni percibe la misma “realidad”, o vive la misma “situación” de un mismo modo. Algunas veces podemos intentar acercarnos a la percepción que puede tener otra persona ante una situación concreta. Analizar los mecanismos que, posiblemente, le intervengan en función de su personalidad, de nuestro conocimiento de sus experiencias vividas, de lo que le “mueve” en el fondo… nos permite enriquecer nuestra propia percepción con la visión de la otra persona. Nos permite entender sus reacciones ante esa situación vivida y nos permite, en definitiva, ampliar ese estrecho ángulo de visión de nuestra propia percepción.


martes, 10 de mayo de 2011

La cintura de Casiopea

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Como un valioso legado de la presencia musulmana en la península, proliferaron en la edad media unos códices que trataban sobre las propiedades curativas y mágicas de las piedras. Eran los llamados lapidarios.

Los lapidarios relacionaban las propiedades mágicas de los diversos minerales con las constelaciones celestes. Creían que cada piedra recibía la influencia de una estrella y, además, sus poderes variaban en función del ciclo zodiacal.
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Los lapidarios más conocidos son los que mandó redactar el rey Alfonso X el Sabio y que se conservan en la Biblioteca de El Escorial. Aunque, con el paso de los siglos, fueron numerosos los tratados que estudiaron los poderes mágicos de las piedras.
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Ante el gran número de incunables y su diversidad de contenido -abierto a especulaciones-, y ante el avance de ciencias médicas basadas en las propiedades curativas de las plantas (y más adelante de los hongos), esta “ciencia” fue evolucionando hacia la actual identificación de determinados minerales con algunas propiedades “sanadoras”.
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En los lapidarios se repetían varias miniaturas de cada constelación, pero en cada iluminación se representaba un punto dorado en un lugar distinto indicando la estrella que gobernaba los poderes de cada piedra estudiada. En la imagen, se puede apreciar la representación de Casiopea, o “Mujer sentada en una Silla”, con un punto dorado en la cintura.

Al margen del “culebrón” mitológico de esta reina de Etiopía que comparó la belleza de su hija Andrómeda con las hijas de Nereo; Casiopea es una constelación de fácil identificación en el firmamento ya que, a simple vista y en cualquier época del año, se pueden apreciar 5 de sus estrellas de mayor luminosidad que forman una W, con su parte ahuecada hacia la estrella Polar.
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De entre estas estrellas, la de mayor brillo aparente corresponde a Schedar (alfa-Cassiopeiae), una estrella gigante naranja de magnitud 2,2. Otras dos estrellas adyacentes le siguen en luminosidad: Caph (beta-Cassiopeiae) una sub-gigante blanco-amarilla que se situa en el extremo derecho de la W, y Tsih (gamma-Cassiopeiae), una estrella eruptiva variable en intensidad en el centro de dicha W, y que corresponde, a su vez, a la cintura de nuestra reina Casiopea.

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