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sábado, 18 de febrero de 2012
El jardín del Edén
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martes, 17 de enero de 2012
Escuchando se entiende la gente
De nada sirve emanar los pensamientos si no hay un receptáculo apropiado para recogerlos. Ofrezcamos vino, pues, a quien tenga la copa dispuesta para ser llenada con este espíritu.
Creo que hay una parte importante de cada uno de nosotros que se esfuerza en explicar y transmitir su propia opinión, es decir, que nos afanamos en exponer de manera clara y estructurada nuestra visión parcial de una realidad habitualmente compleja. Sin embargo, no solemos dedicar tanto esfuerzo a escuchar, quiero decir, a oír a los demás con el ánimo de entenderlos, de interiorizar su mensaje y a evolucionar en nuestro yo interior libando ese néctar que nos ofrecen bajo una forma aparente de palabras concatenadas.
Me impactó saber que, en media, sólo escuchamos realmente seis segundos de cada minuto de mensaje que oímos. Me vi reflejado en esas estadísticas y mi objetivo personal está en poder elevar en algo esa media.
Sin embargo, para favorecer una escucha completa se requiere ir adquiriendo habilidad en algunos aspectos como:
- La sintonía. No siempre el que habla está en la misma “onda” del que escucha. Si queremos escuchar y aprender de su mensaje, debemos ajustar nuestros registros mentales hasta “sintonizar”. Y sintonizar puede ser sinónimo de escuchar y hablar con el corazón, de abrir los sentimientos hacia la otra persona, de expresar tu opinión personal que te has formado con tu interpretación de la vida. Suele ocurrir que, en ese momento en que se encuentran las sintonías, ambos corazones se abren, los ojos se miran, el tiempo se calma y la comunicación fluye sin obstáculos, casi sin palabras...
- El entorno. El momento y el lugar deben escogerse con esmero para facilitar la comunicación. Sentarse cómodamente en un lugar elegido para escuchar a la otra persona, sin ruidos y sin distracciones. Darle una muestra física de querer realizar una escucha activa, de estar plenamente dedicado a escucharla si así lo desea, es esencial para que emanen sus pensamientos.
- Los prejuicios. Nuestros esquemas educacionales nos limitan el pensamiento y las opiniones acerca de las cosas y los demás. Siendo conscientes de nuestras limitaciones, tradiciones, creencias y prácticas - y sin tener que abandonarlas por ello - debemos procurar abrir la mente para entender y apreciar otras maneras de ver las mismas cosas, comprendiendo así también el comportamiento de los demás y los motivos que los conducen a sus conclusiones y modos de actuar.
- El fondo. Captar la esencia que se esconde tras las palabras, cual es el fondo del mensaje que ha emanado desde el corazón, escuchar al otro con la intención de recibir el espíritu de sus pensamientos es fundamental para conocerlo como persona y para desarrollarse uno mismo en el viaje interior. Hablar se convierte aquí en un poderoso regalo que se ofrece al que escucha. En muestra de gratitud y si las circunstancias son propicias, se puede establecer un diálogo contrastando ideas, experiencias, opiniones y pensamientos, hecho que puede favorecer que la escucha activa sea correspondida bidireccionalmente, enriqueciéndose mutuamente del aumento de perspectiva que ofrece el diálogo desde el respeto de las opiniones personales de cada uno.
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Y es así como se produce un doble efecto mágico al escuchar de verdad a la otra persona. Por una parte, el dedicar la atención que se merece a quien te explica algo desde su corazón la alienta a compartir contigo lo que forma parte de su vida y a exponerte su visión de lo que es cierto para ella. Por otra parte, tras recibir el preciado mensaje, conviene dejarlo madurar en tu interior, darte un tiempo para la reflexión, en silencio. Un tiempo también que sirve para contrastar todas las ideas recibidas y dejar aflorar, poco a poco, la magia del verdadero conocimiento de uno mismo.
Como decía al inicio, de nada sirve emanar los pensamientos si no hay un receptáculo apropiado para recogerlos. Mantengamos, pues, nuestra copa dispuesta para ser llenada con el espíritu del vino que nos ofrecen.
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lunes, 26 de diciembre de 2011
Sentido común
miércoles, 12 de octubre de 2011
Las visiones de Orión
Hay que buscarla un poco. En las noches de invierno se localiza fácilmente. Está allí, dominando la cúpula celeste. Sin embargo, en verano debes esperar a que la noche esté adentrada, o empiece a amanecer para verla. Y es que unas veces nos visita a los del hemisferio norte que compartimos su custodia con los del hemisferio sur.
En China, curiosamente, a esta constelación se le conocía como Tsan, que significaba cazador y guerrero. El cinturón lo identificaban con la mansión Shen, eterno adversario del Shang, cuya mansión estaba en Antares, de la constelación de Escorpio. Hecho también que se identifica con una versión de la muerte de Orión que, en lugar de ser la mortal flecha lanzada por su amada Artemisa, es Gea que se enfada con Orión y lo mata provocando la picadura del escorpión.
domingo, 21 de agosto de 2011
Percepción
martes, 10 de mayo de 2011
La cintura de Casiopea

Como un valioso legado de la presencia musulmana en la península, proliferaron en la edad media unos códices que trataban sobre las propiedades curativas y mágicas de las piedras. Eran los llamados lapidarios.
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De entre estas estrellas, la de mayor brillo aparente corresponde a Schedar (alfa-Cassiopeiae), una estrella gigante naranja de magnitud 2,2. Otras dos estrellas adyacentes le siguen en luminosidad: Caph (beta-Cassiopeiae) una sub-gigante blanco-amarilla que se situa en el extremo derecho de
martes, 1 de febrero de 2011
La comunicación no verbal del cuerpo

domingo, 30 de enero de 2011
Cambiando el chip
Ya sea en organizaciones, en grandes o en pequeñas empresas, o en la propia vida, los cambios son un proceso que parten de una situación para llegar a otra. Sería un engaño decir que siempre es un proceso que evoluciona hacia una situación mejor, aunque esto es siempre lo deseable.
La vida está llena de continuos cambios, lo queramos o no. Reflexionando un poco sobre ellos, me aventuraría a sintetizar algunas consideraciones o características comunes.
El punto de partida
Hay cambios que vienen motivados por una decisión propia, personal, de creer en una nueva y mejor situación. Vislumbras el objetivo al que quieres llegar, lo valoras firmemente como algo mejor que quieres conseguir, crees en él y lo dibujas en tu mente, o sobre un papel, tal vez con la intención de que, como Pigmalión con su Galatea, el sueño deseado se convierta en realidad.
Sin embargo, hay otros cambios que te sobrevienen en la vida. No has escogido tú el nuevo objetivo, la nueva situación. Pero te encuentras ahí, iniciando un proceso de cambio donde te das cuenta que no hay posibilidad de retroceder en el tiempo. Unas veces son cambios predecibles, otras veces ocurre que algún factor del subconsciente ha hecho que los presientas, otras el cambio es ordenado por una persona cercana o por un estamento jerárquico superior, y otras ocurre que el detonante del cambio llega sin más, sin avisar.
Tal vez podríamos mencionar otros puntos de partida de los cambios. Aquellos que otras personas, desde una óptica y perspectiva distinta a la nuestra, nos aconsejan que realicemos en nuestra vida para así mejorar nuestra situación. Sin embargo, éstos no pueden considerarse cambios como tal hasta que uno no tome la decisión propia de evolucionar hacia una nueva situación personal.
Cuando se ha iniciado un proceso de cambio, sobretodo en los que no es uno el que así lo ha decidido, suele haber un inicio del camino más o menos traumático. Nos surge nuestro natural miedo ante lo desconocido que frena nuestro deseo de ir hacia ese lugar, hacia ese futuro del que apenas tenemos un esbozo. Dudas si el dibujo está bien hecho. La angustia por cómo será el camino a recorrer a partir de ahora, junto con la nostalgia por cómo estábamos en la antigua situación, aunque ya forme parte de tu historia personal, nos causa pasar por episodios de quererse aferrar en el pasado, de querer inmovilizar nuestra vida en una situación que nos era cómoda, pero que ya no se da, ni se puede dar de nuevo.
A pesar de todo, con los días, el camino va andándose. Los problemas de la nueva situación van surgiendo y, tal vez, es cuando vas aplicando racionalización al cambio, día a día, para ir solucionando esos inconvenientes bajo la óptica de la nueva situación. El trabajo de esta etapa es más bien mental, requiere reflexión, ya sea a nivel individual o colectivo, para evolucionar racionalmente y hacer los cambios culturales que, tal vez, se requieren. Esta racionalización es la que te facilita, poco a poco, el convencimiento propio de que el cambio, dadas las circunstancias, era necesario y percibes la nueva situación de una manera más visible, más clara. Poco a poco, vas dejando de mirar atrás y, sin darte cuenta miras cada vez más confiado hacia delante.

El punto de destino
Empiezas a ver adónde quieres ir, aflora el entusiasmo en tu corazón y crecen las ganas por llegar. Disfrutas de los nuevos momentos vividos y tu optimismo aprecia las ventajas de la nueva situación. Te sientes pleno, entusiasta por el logro conseguido y te valoras integrado en el dibujo que, tiempo atrás, a pesar del temor que sentías, te habías imaginado.
Siendo conscientes de encontrarse en ese estadio, conviene cuidarlo con esmero, saborear el inicio de esa nueva etapa con la mayor intensidad posible y desear que el periodo de estabilidad en esa nueva situación donde te sientes bien sea largo.
Un principio del Kybalión dice que “No hay nada quieto. Todo se mueve. Todo vibra”. Efectivamente. Pero conocer este principio, interiorizarlo, y ser conscientes del proceso habitual que todo cambio comporta, debería ayudarnos a poder trabajar para ejercer mayor control sobre la duración de sus ciclos, así como ayudarnos a tomar las decisiones propias de cambiar en aquellos aspectos de nuestras vidas en las que, pensamos, podemos mejorar.
domingo, 5 de septiembre de 2010
El forjado de un "tetramorfos" secreto
Los tetramorfos ocupan lugares destacados en los templos románicos como pueden ser los ábsides, tímpanos o capiteles. Sin embargo, hay otros discretos objetos en el románico que también contienen, secretamente, la esencia de los cuatro elementos del tetramorfos - tierra, aire, fuego y agua - : los herrajes forjados.
Tierra
El hombre, a fuerza de golpes de pico, extraía la piedra rojiza de las minas que penetraban lentamente hacia las entrañas de la tierra siguiendo sus oxidadas venas. El mineral, de alto contenido en óxidos de hierro y que, en forma de rocas y bloques, atesora la sangre de la tierra, era transportado hasta un lugar cercano a la boca de la mina.
De nuevo, a fuerza de golpes de pico, el minero molía el mineral y amontonaba los preciados fragmentos junto al horno.
Aire
El hombre, a fuerza de golpes de hacha silbando al viento, talaba los árboles del entorno de la mina. El ruedo del claro en el bosque iba creciendo, con el paso del tiempo, alrededor del yacimiento. La madera, esa fuente de energía viva que, a base de respirar por sus hojas y recibir la fuerza del Sol, crece lentamente hacia el cielo, guarda en su esencia el aire, el soplo de Abraham, como una singular manifestación de la Vida en la Naturaleza.
De nuevo, a fuerza de golpes de hacha, el leñador troceaba troncos y ramas convirtiéndolos en inertes leños y amontonaba los preciados fragmentos dejándolos secar pacientemente.
Fuego
El carbonero apilaba los leños secos en sabia disposición, los cubría con ramas tiernas y tierra para evitar que el aire penetrara hacia el interior de la pila y prendía fuego en el corazón de la carbonera. Lentamente, la acción de un ahogado fuego iba avanzando por el montón convirtiendo los leños en un preciado carbón vegetal.
El fundidor, que en la época del románico usaba aún rudimentarios hornos de tiro forzado manual normalmente construidos junto a la mina, calentaba el mineral a base de carbón, aire, fuego y paciencia hasta conseguir derretir el hierro contenido en la piedra. Llegado el momento oportuno, sacaba del horno una masa porosa de basto hierro.
Agua
El hombre, que en la época del románico ya usaba las ferrerías construidas junto a un río, aprovechaba la fuerza hidráulica para hacer que un enorme martillo golpeara continuamente contra el yunque. Así de nuevo, a fuerza de golpes de mazo hidráulico o manual, el ferrero compactaba la masa porosa de hierro, expulsaba las escorias e impurezas que contenía y daba, lentamente, la primera forma purificada a esa dúctil masa, normalmente, modelando una tosca vara de hierro.
El ferrero usaría también, seguramente, la fuerza del agua para hacer que dos enormes fuelles se abrieran y cerraran alternativamente para conseguir avivar, en corriente continua de aire, el fuego de la fragua junto al yunque y así poder calentar a conveniencia la masa de hierro en estas primeras operaciones de herrería.
Tetramorfos
Y es así como el forjador, cual maestro herrero y artista en el trabajo con el hierro, utilizaba como materia prima esas varas de hierro dúctil suministradas por las ferrerías.
Lentamente, ablandando y trabajando el material, a golpes de martillo contra el yunque. Pausadamente, ensamblando piezas con encajes y abrazaderas meticulosamente elaboradas con el mismo metal. Tranquilamente, calentándolo en la fragua hasta coger el color del Sol del amanecer. Bruscamente, templándolo a conveniencia sumergiéndolo repentinamente bajo el agua.
Así, gradualmente, el forjador forjaba su forja a fuerza de golpes certeros, conjugando en su oficio las dosis oportunas de tierra, aire, fuego y agua. Así, poco a poco, iba convirtiendo el maleable y basto hierro en rejas ornamentales, herrajes para embellecer y reforzar las puertas, o pernos y tiradores con motivos decorativos.
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Se conoce poco de los maestros de la forja de la época del románico, aunque sí se tienen numerosas muestras de su obra que, por lo general y a primera vista, a parte del atractivo estético, cumplen una función más utilitaria que simbólica. Podríamos citar dos destacados ejemplos representativos visitados recientemente:
Las rejas de la colegiata de Sant Vicenç de Cardona, fechadas por el siglo XIII, formadas por barrotes de sección cuadrada unidos por unas espirales dobles que se encuentran cogidas a los barrotes por abrazaderas.
Los herrajes de la puerta de Sant Feliu de Beuda que, a pesar de que la madera haya sido reemplazada en posteriores restauraciones, se conservan los herrajes románicos. Cabe destacar las habituales formas espirales que se utilizaban en este tipo de elementos, así como el trabajado perno que simula a un animal fantástico como guardián de la cerradura del templo.
Tal vez, en la visita a un templo románico, se es poco consciente del sutil simbolismo oculto bajo el modesto conjunto de trabajados hierros. Sin embargo, el proceso de transformación que se requiere para convertir la impura materia primera en una bella pieza forjada, probablemente, guarda una curiosa analogía con nuestro proceso de evolución interior.
La forja. He aquí la esencia de los cuatro elementos del tetramorfos guardados secretamente tras la belleza artística de una pieza forjada.
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domingo, 18 de julio de 2010
Al final de la cola
Podríamos decir que la teoría de colas analiza un tipo de problemas de optimización, de cómo encontrar el punto de equilibrio entre la calidad de servicio (es decir, la paciencia de los que esperan en una cola) y la cantidad de servicio (léase cuantos trabajadores hay que poner para atender a los clientes, con el menor coste)
Desde el ritmo de llegada de los clientes a la cola, la distribución de cómo llegan a lo largo del tiempo, la capacidad de la cola, cómo se gestiona el turno en la cola, el método de atención, el número de servidores que atienden el público, el tiempo medio de atención de cada cliente, la desviación típica de estos tiempos de atención... son muchos los factores que intervienen en el análisis detallado de este tema. Y además los matemáticos se lo pasan de rechupete haciendo llegar a los clientes al ritmo exponencial de Poisson, o marcando a los trabajadores que atiendan al público según la distribución de Weibull. Fascinante!
Sumamos ahora el comportamiento de los clientes: hay que abandonan la cola, espabilados que se cuelan, unos que no se unen a la cola al ver su longitud, otros fieles que no dejan la cola aunque ésta sea interminable... pacientes e impacientes.
Para acabarlo de aliñar, el modelo que se consigue después de poner todo estos factores bajo notación matemática, se comporta bien cuando se llega a un estado estacionario, pero en los transitorios difiere bastante del comportamiento real. Y en la realidad de muchas colas abundan los transitorios, ya que el servicio suele ceñirse a un horario, pueden haber interrupciones, etc.
Así que los matemáticos se han sumado a los informáticos para abordar este problema y han programado herramientas de simulación. Aunque no sea una panacea, ahora pueden abordar mejor los transitorios, simular el comportamiento bajo suposiciones diversas y experimentar rápidamente multitud de opciones obteniendo la mejor solución para cada caso.
Parece fácil. Al menos a mi me parece sumamente interesante el tema. Pero de hecho, en la gran mayoría de situaciones reales esto de las colas se soluciona sobre la marcha, con la simple experiencia: “Si hay mucha cola y veo que los clientes se quejan, pondré a otro trabajador a atenderlos”.
Aún así, hay situaciones que son analizadas en profundidad optimizando costes de explotación del servicio -y aumentando los beneficios- a costa de poner al límite la paciencia del cliente. Aplicaciones como las colas en puntos de atención al cliente de grandes empresas o de las líneas de cajeros en supermercados, pasando por los flujos de paquetes en una empresa de mensajería hasta el dimensionado de una red informática según los flujos de información que soporte.

Mucha teoría, pero no nos olvidemos que el cliente sabe que siempre prevalece la Ley de Harper:
“No importa en qué cola te sitúes, la otra siempre avanzará más rápido”
miércoles, 23 de junio de 2010
Solsticio

Desde periodos muy remotos que el hombre observó el ciclo anual del paso de las estaciones, sufrió los crueles inviernos y los tórridos veranos; evolucionó por los diversos calendarios –contando fases lunares y meses solares-; fijó las fechas de máxima, igual y mínima duración del día y la noche; midió los ángulos, los puntos y momentos de la salida y puesta del Sol; le construyó templos y le dedicó alineaciones sagradas; y le dio categoría de divinidad y de astro creador.
Y es que es evidente que el Sol es nuestra fuente de energía y de vida en la tierra. Nuestra sensible existencia pende de unos estrechos rangos de la radiación solar que nos llega a la superficie del planeta. Por ello, no es de extrañar el reconocimiento de la humanidad al astro rey, y la dedicación de celebraciones especiales en las fechas solsticiales.
Fiestas con hogueras como protagonista, intentando imitar la fuerza solar, que se han celebrado tradicionalmente desde épocas antiguas. Donde sus llamas contribuyen, también, a los efectos mágicos de purificación, de curación, o de encuentro de amores. Y es que dicen que, además, estas fechas son propicias para los rituales y para la magia. Será verdad?
domingo, 23 de mayo de 2010
Una pizca de sal
La halita es un mineral muy abundante en la Tierra. Bueno, en la tierra y en el mar.
Porque este salado haluro se encuentra disuelto en el agua del mar ofreciéndonos su peculiar sabor. ¡Mecachis en la mar! Y es que así, ofrece distracción a la plebe que se va preguntando porqué el agua del mar es salada y ofrece trabajo a unos cuantos que embalsan un poco de mar en una gran extensión de poca profundidad y dejan que el Sol evapore el agua… un trabajo paciente que compite en antigüedad con otros oficios que alardean de ser de los más antiguos. Sin embargo, destaca aquí la originalidad del nombre. A ese lugar en donde se obtiene nuestro preciado mineral le pusieron, después de pensárselo mucho, el nombre de… ¡Salina!
Y también, en la tierra, nos aparece halita en forma de sal gema, o sal de roca para los amigos. Sí, en yacimientos de terrenos sedimentarios… es decir, en lugares donde hace millones de años era un fondo marino expuesto al sol. Se secó el mar y se quedó el poso residual. ¡Qué cosas pasaron en el Cuaternario!, ¿No?
Es común que conozcamos una pizca acerca de la sal… Como condimento en la comida, por ejemplo, la sal pasa desapercibida disuelta en las comidas si está en su justa medida. Ahora bien, no te pases ni te quedes corto porque su exceso, o su defecto, no nos permite saborear bien aquello que comemos.
Y es que, tal vez, cuando nos preguntan acerca de ese típico dilema de ¿Quién fue primero, el huevo o la gallina? Tendríamos que responder… la sal. Porque el uso de la sal es ancestral. Seguro que hasta el homo antecesor se comía los huevos con un poco de sal… Bueno, bromas a parte, el uso alimenticio de la sal proviene, seguramente, de cuando descubrieron –por azar, seguro- que se podían conservar los alimentos en salazón. En especial, los pescados y las carnes se deshidratan al ser recubiertos con sal. Tal vez por ello, los alimentos se tomaban bastante salados e, incluso, se hacían comidas, como el garum que, sólo por su nombre, ya cuesta atreverse a probarlo. Y la sal, con el tiempo, acabó por manchar, etimológicamente hablando, muchas comidas… y si no que se lo pregunten a las ensaladas, a las salsas, a las salchichas o al salmorejo!
Aunque parezca mentira, en épocas antiguas, la alta demanda de sal para conservar alimentos elevó su precio hasta valores que llegaron a superar el del oro. Así, la sal fue utilizada como moneda, pagándose con sal los salarios… y con honor… ¿Los honorarios? Pero, dicen, que todo lo que sube, baja. Y eso le ocurrió hace un par de siglos al precio de este mineral comestible: se desplomó. Dicen, también, que la culpa la tuvieron las nuevas tecnologías de conservación de alimentos que se inventaron el “refigerator”. Otros apuntan a las manías de los médicos en que comamos con poca sal para que no nos revienten las tuberías sanguíneas con una cosa que le llaman “hipertensión”… Pero no sólo bajó la demanda de sal, sino que la ley del mercado económico pinchó también porque aumentó la oferta de sal, y es que también se tecnificaron los sistemas de obtención del cloruro de sodio, o sea, de la sal.
Pero no todo el monte es orégano, ni toda la sal es cloruro sódico. Hay otras sales en el mundo, y si no que se lo pregunten a los que se pegan baños con unas de aromas a jazmín o con esencia de almendras. Pues bien, también se extrae sal en explotaciones mineras de, por ejemplo, cloruro potásico o de cloruro magnésico. Y ¿Para qué?, pues debe ser para abastecer a la industria química que va como loca queriendo obtener cloro, potasas, explosivos, abonos sintéticos y cosas de esas…
Pero, en esencia, ¿Por qué la sal está tan unida al hombre? Pues porque hay alguna razón ancestral que absorbe el seso humano hasta el punto de que lo han usado en sus rituales como generador de pureza, como protector contra los demonios o como absorbente de las malas acciones de los espíritus… y, en las religiones, a parte de ser usada como ofrenda en ceremonias, también era usada por Dios como castigo, si no ¡Que le pregunten a Lot qué le pasó a su mujer por darse la vuelta al huir de Sodoma!
Y para acabar con este saleroso tema, aunque muchos no nos enteramos, utilizamos en nuestro interior la sal como fijadora, haciendo que el mercurio acepte el azufre, o algo así. Pero en esos alquímicos temas, no hay cuerpo, ni sal, ni homus virtualis que lo llegue a entender.
miércoles, 14 de abril de 2010
Mercuriales del Montcau

lunes, 8 de marzo de 2010
Graná, tierra soñá
Hubo una pareha de mendas que se pegaron una pechá de viahar pa’cer una mihilla er pollas dando vueltas por Graná.
Entoqué llegaron, noh echaron un movih pa’hir a buscarlos en taxis a los polígonos, pueh ehtaban eslomaos, los ahelicos, y no atinaban pa llegá a Puertarrá.
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-“Ahora que me he arregostao a la buena vida, suh subís ar taxis pa’hir a esos barrios de
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Namá llegá ar hoté, los cuchis tabanmayaos, asín que se pegaron una comía dercopón, cohieron una pea de la vihen y no deharon de decir folletás toa la noshe tapaos con una manta. Con un “Ozú, qué repeluh ma dao ese vino” se hicieron er longuis y los shiquillos se fueron a dormir dehándonos en lestacá. "¡Cuchis, los tíos!", dihimos.
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Ar día sihiente, con la rehaca, er niño no era capah de ná, estaba apollardao. Conticoneso, subieron ar Arbaisín en Buh (que er trahporte plúsblico es la polla) y er chavae, que había cohio alehia a los hipreses y los iba fotograhiando pá curá su arma hería, hacia una heta más sospechosa que un hitano haciendo futin (¡Anda que no!). Asín que un hombre –dicen que era er Bute- lo achantó con una panzá de voces y… ¡Chah! er cazo es que er cuchi le dio suh cámara de fotoh y er pollas se marshó ná regomelloso.
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-"¡Qué ihoputa que es er mendas!, ¿Notehode? ¡Foh!"- gritamoh tós mientras ehcondíamos las otras cámaras y las tahetas de crédito bajo el abriho.
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Alguno de nohotros, como había venío como pa'cé un mandaillo y no quería ser dehcubierto, diho que la cámara valía una mihilla de nà, "unas sientas pehetas" y que le compraría otra en una volá. Asín que er niño, acohonao, espeluznao y una chispitilla mosqueao, le encartó la propuehta der enterao Darmería.
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De no ser por la falanhitis que cohieron los mendas tras la sehunda noshe de pegarse una panzá de helaos mientras decían las folletás de la vihen y de la mae tierra, bajo la manta dercopón, podríamos ahegurá que los shiquillos lo habían pasao de cohones. Pero er niño estaba mu malico y le reconcomía haberse zampao tanto helao.
Poyastá, asín que la pareha se volvió a pegar una pechá de viahar pà volver a su buhero en la gran ciudá. Conticoneso, nos los pasamos dercopón.
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